
SINOPSIS:
Los hechos históricos son de sobra conocidos, los amoríos del Rey y la dama de compañía que ocasionaron el confinamiento de la Reina Catalina, una convulsión diplomática y un cisma en la Iglesia. Todo ello en pleno Renacimiento, en una corte que empezaba a brillar por sí misma y que no tenía un heredero varón.
Las distintas versiones noveladas siempre me habían ofrecido una Reina mayor, adusta, que perdía el favor de su Rey ante una joven que lo cautivaba con su juventud y frescura, en el más amplio sentido de la palabra.
Podía ser una más, un libro más, que nunca será el último sobre este tema, pero la novela discurre paralela a esa gran historia. La autora nos ofrece el testimonio y los pensamientos de un testigo de excepción, María Bolena. Por su cercanía con la corte, como dama de compañía de una Reina admirada y querida que crece a sus ojos en virtud y humanidad, como amante de un Rey joven, fuerte y cautivador al que se rinde con el deslumbramiento del primer amor, como confidente de su controvertida hermana a la que conoce, quiere, envidia, teme y compadece, como otro peón en las manos de la poderosa familia Howard que la usa en la complicada partida del poder.
María parecía la excusa perfecta, el punto de vista más adecuado para seguir toda la trama de esos años de intrigas, secretos, amores, pasiones, un lugar privilegiado para ver la procesión de personajes, examinarlos, oír sus miedos en la noche, sus llantos detrás de una puerta cerrada, sentir las vejaciones y los desprecios, espiar miradas, descubrir notas escondidas, interpretar el gesto de una mano, el lujo de un vestido, el mensaje de un pañuelo cazado al vuelo, la ausencia en un baile, el galopar en determinado orden… Sí, era la figura anónima pero bien situada, la perdedora en la carrera del favor del Rey, la que nunca pasaría a la posteridad, pero paradójicamente, según pasan las páginas, encontramos que la autora nos la redescubre como una mujer transformada en la verdadera vencedora: fue la que cautivó al Rey sin argucias porque no pensaba en el poder, madre de un varón real al que supo alejar de todo el veneno de la corte, recuperó un marido que la deleitó con un cortejo sincero, se mantuvo fiel a su Reina en los límites que se le permitió, encontró un amor profundo que la llevó a la felicidad y esquivó el hacha reservada a los Bolena.
Realmente, fue la otra Bolena, la que sin ser consciente de ello fue amada por sí misma, sin calcular el candor de la mirada ni las frases apropiadas, la que Ana hubiera envidiado ser de no ansiar un trono en vez de una vida feliz.
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