
Transcurren los días que ahora vivo dedicándole un acendrado recuerdo, ya recobrada la paz del espíritu ahora que, al cabo de doce años, sus restos mortales reposan junto a los de Bruno, en el cementerio de San Cassiano. Larga y agotadora fué la espera, y su retorno a Predappio sin féretro, sin una sencilla cruz fué muy distinto al por mí ansiado.
Empero, nadie puede arrebatarme, ahora, el inmenso consuelo de arrodillarme junto a Benito para llorar y perdonar. Pero quisiera que otras muchísimas mujeres pudiesen tener, como yo, el consuelo de orar sobre las tumbas de los seres queridos de los que, hasta ahora, ignoran dónde recibieron sepultura. En efecto, todos los caídos tienen derecho a una tumba, pues todos creíanse asistidos de razón y sentían amor entrañable por la Patria.
La muerte borra todos los matices políticos; sólo deja los sufrimientos a quienes seguimos viviendo.
Empero, nadie puede arrebatarme, ahora, el inmenso consuelo de arrodillarme junto a Benito para llorar y perdonar. Pero quisiera que otras muchísimas mujeres pudiesen tener, como yo, el consuelo de orar sobre las tumbas de los seres queridos de los que, hasta ahora, ignoran dónde recibieron sepultura. En efecto, todos los caídos tienen derecho a una tumba, pues todos creíanse asistidos de razón y sentían amor entrañable por la Patria.
La muerte borra todos los matices políticos; sólo deja los sufrimientos a quienes seguimos viviendo.
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