
Andrea es responsable, serio y respetuoso con sus padres. Su silencio es muy extraño. Algo grave debe haberle ocurrido.
La familia inicia todo tipo de búsquedas e investigaciones. Un largo periodo en el que por todos los medios se intenta dar con su paradero. Todo es en vano. Al cabo de, practicamente, dos años,
convencido ya de la muerte de su hijo y un tanto obligado por las circunstancias, el padre acepta el ofrecimiento de una cliente de su bufete de abogado de conocer a una persona que en una ocasión se comunicó con su difunto padre.
Este es el inició de lo que será un contacto con el más allá. Un extraño sistema de escritura automática sirve de comunicación entre este mundo y el otro. Los mensajes llegan en italiano y con un vocabulario muy superior al de la elemental cultura de quien los recibe y que sólo conoce el dialecto de Trieste. Esa persona no acepta, bajo ningún concepto, remuneración o compensación alguna por su colaboración, escondiendo incluso su identidad bajo un seudónimo: Sra. Anita.
Andrea informa del lugar exacto donde se encuentra su cuerpo: En Turín, lejos de donde vivía, en el lecho del río Po, con un metro de barro encima y encallado en las raíces de un gran árbol.
Cuenta su experiencia en el momento de morir: "Contemplaba la escena de mi asesinato desde lo alto, seguía los detalles con despego... luego mi alma se adentró en un largo túnel. Ves en el fondo una luz grandiosa que te llama... mucha paz... ningún deseo de volver atrás..."
Informa a su padre, que la Luz Infinita -así llama a Dios- le hizo nacer y morir para dar testimonio de la existencia del Más Allá. La claridad del mensaje es diáfana: "...Imagínate -le dice- que el mundo entero estuviera convencido de la existencia del Más Allá: desaparecerían todos los horrores de la vida, ya que todos querrían elevar sus almas a las cotas más altas".
Tras tres años de comunicaciones, el padre decide publicar los hechos, no sin antes obtener la opinión positiva al respecto de eminentes teólogos y la del titular de la Cátedra de Parapsicología de la Universidad Pontificia de Letrán, el redentorista Andreas Resch: "He leído el libro con gran interés. No he encontrado nada en él contrario a nuestra Fe".
En unos meses escribe lo que le ha costado años asumir, dada su postura crítica y escéptica al principio a pesar de las pruebas, como la aparición de una inexplicable mancha roja en el periódico local que años después sigue con el mismo aspecto fresco y terso, inalterable, mientras el resto del periódico ha adquirido el clásico aspecto amarillento y semiarrugado propio del tiempo transcurrido.
Esta fue la primera de una larga serie de posibles señales a terceras personas.
Posteriormente a la publicación del libro en diversos países del mundo, empezaron a llegar al autor innumerables cartas (más de 10.000) de lectores que mejoraron o cambiaron su vida después de la lectura del libro.
Por si alguien deseara comprobar la veracidad de los testimonios o saber más sobre cada uno de ellos, han sido siempre escrupulosamente referenciados por el autor (abogado en la ciudad de Trieste, ex-presidente de diversas asociaciones cívicas y profesionales -tiene ya casi 90 años-, así como de la Junta Diocesana de Acción Católica y autor de diversos estudios de carácter jurídico y europeísta). Lino Sardos ha renunciado a los derechos de autor de las ventas del libro a favor de una Fundación creada específicamente para el estudio de casos parecidos al de Andrea. Asimismo, se ha negado siempre a participar en conferencias o debates de signo espiritista o esotérico.
Junto a estos testimonios, algunas de las cartas transcriben hechos extraordinarios que hacen aun más relevante el caso Andrea, hechos incomprensibles para la razón humana que sin embargo están -como el resto de testimonios- perfectamente referenciados por el autor siendo, por lo tanto, comprobables.
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